CRUZAR LA CALLE

Red Nude Sitting Up, Marc Chagall

 

Tendrás que detenerte un día
quizás cuando ese día ya no funcione el sol
y nos demos a la enorme tarea de salvar la hoguera
y trepar a la noche

La almohada tendrá pedazos de hombros
y la mañana no será tan silenciosa
los ruidos, como perros, correrán sobre la espalda
las huellas de las manos, y los besos, y los moretones azules en el cuello

Una mano y otra mano, canción
Una pierna y otra pierna, autopistas
verso y poeta , el espejo, margaritas en el techo.

sobrevivirán entonces las señales
en el tránsito de la madrugada
y cuando arda el amor sobre la ciudad

abriré la boca y entrarás a tientas
cuidando tropezar con el amor
que lo estropea todo/
me rozas la garganta/
/continúas/
tus ojos volarán sobre mi cuello
y una espiral de acentos y tonos y semitonos
se escucharán a coro,  sobre la piel de las colinas

Te irás cuando sea la sangre un poco rosa
y desde la ventana gritaré con fuerza tu nombre
y voltearás la cara, desnudo, te llevarás el sol
los pétalos, la circunstancias

Y otra vez comenzaremos a evitar una guerra
a salvar el planeta,
a chuparnos los polvos del viento
mientras nos miramos al cruzar la calle

 

Imagen: Red Nude Sitting Up , Marc Chagall

 

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Hombre que vende gritos

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Piensa en un hombre. En un hombre de estatura grande. De ojos claros. De tremendos bíceps ¡bíceps! Ahora piensa en ese hombre en la ventana. En una ventana abierta. De esas ventanas de dos hojas.

Piensa que estás en la cama. Y que el hombre sube a la ventana pero no llega a ti. Es un hombre hermoso, es importante que pienses que es hermoso. Y vende gritos.

El hombre quiere que le compres algunos. Te los deja 25 % más off. O sea, no son gritos tan chillones. ¿Te conviene? En realidad su misión es que los escuches. Pero que los escuches como verdaderos gritos, no como lamentos, ni llantenes fúnebres. Repite tantas veces como puedas, ¿te conviene? Tú no quieres consignas. Por nada del mundo comprarías esa mierda. No importa. Escoge otros. Tiene una gran variedad.  Si necesitas tiempo para pensar, bríndale  café. Y después del primer buche, amargo, sin azúcar, dile que es un fanfarrón. Oféndelo. Dile que se meta sus gritos rojos por donde le quepan. Por el culo. Sí. Porque eso de vender gritos es una mierda espiritual y filosófica que no te sirve. Que esa pose que tiene el muy maricón no te convence . Dile esto con un acento muy muy despectivo.  Y luego ves a la ventana y empújalo fuera.

Y la noche será muchos gritos. Y todos serán tuyos. Sin haber aflojado un kilo. Así, sí, como lo has visto en Internet. Porque tu destino siempre será vivir con la ventana abierta. Y salir volando cuando quieras, sobre un grito de carne, o una escoba de hueso.

 

 

SUPER STAY, I AM THE COLOR

 

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Me han regalado un libro

En medio del supermercado, old, nice, Super stay

Mientras pasa la cola en la caja, leo.

Y alguien me susurra, dedos, mueve el culo, tonta, pobre extranjera

Las aguas del inodoro, también le escuchan, y a zancadillas

me saca del mundo, La Venus de las pieles.

Las garzas abren sus alas

y un líder ario, de hierro forjado entre sus pelos, anuncia las nevadas

Aún no soy esa página, pero me acerco

después de la lectura soy un pequeño hongo

y habito un lago de pelos sonoros

una orquesta, un remiendo.

árida bagatela en el fondo

Leer, ser otro, diferente

miseria ante los ojos del money que revienta money

Bajo el escudo muy rojo

remiendo huecos en el alma

con pieles de conejos , hilos de sacos, paja de caña.

Y soy ante esa escena, solo alguien que lee en una cola

Ellos me saben otra, tonta que revienta círculos

lúgubre, nada, en la nube ajena.

hara/kiri

 

llevo colgando
hilos
para que se alce el vestido y todos miren
para que pierdan el respeto los meseros
pero el mesero  azul es tonto o quizás
es un mesero tuerto
y no sabe romper la rutina
y no buscará jamás el horizonte
y no cabrá por supuesto en mis límites
la noche
es más radical entonces
la que siempre quiero y falta
cristales húmedos
vasos quebrados
boca en la cantina
Paisaje
dónde poner el calor?
con ese acento de boca mustia
azul me late instante
su llama
podría ser una estatua, una gota, una h, un silencio, que no es lo mismo
no, no lo es,
llega un temblor y mi espalda grita
desde la barra los meseros hacen guiños
y todo bailan el son de los hilos muertos

 

 

 

 

 

 

Foto: Yanahara Mauri, Memorias de una maja, 2011, de la serie Los espamos de venus.

UNA MUCHACHA SE QUEDA EN EL PASILLO

Una muchacha se queda en el pasillo como una hermosa lámpara oscura
Fayad Jamís
Ella tuvo sin embargo
un espeso musgo en las palmas de las manos
por donde se desvanecieron ruidos de matorrales
hambrientos latidos de lo blando
Ella y sus fantasmas degollaron a muchos.
Líquidos, florecieron, y en su pelo
se hizo una selva pegajosa de silencio.
Bajo la sábana, un pájaro se suicidó
El mundo pasaba
Abajo
El ritmo de su mano como ala me perseguía
El humo se marchaba despacio
Arriba
Yo me perdía regresando
Abajo

 

Imagen.  Martin Stranka

PRÓLOGO DE MI LIBRO YO MATÉ A MARILYN MONROE.TEXTO DE ROBERTO VIÑA

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Para matar a Marilyn Monroe…

Llevados de la mano por la primera e inmediata impresión del título de este libro, puede pensarse que estamos ante una novela policíaca que seguramente deviene consumado bestseller, ante un relato de incuestionable seducción narrativa; o quizás, ante el testimonio de un homicida que luego de muchos años de silencioha decidido confesar toda esa obsesión –desmedida por demás- que lo llevó a perpetrar el crimen contra el célebre icono cinematográfico que fue Marilyn Monroe. Sin embargo, nada podría ubicarse más en las antípodas que lo antes descrito con respecto al libro Yo maté a Marilyn Monroe de Susette Cordero. Segundo poemario de esta autora que luego de un debut encomiable (y sorprendente, si cabe decirlo) como lo es su libro anterior Arar la sombra, decide en este reinventarse, mutar de piel, de soma, es decir, de palabra y sorprender con una modulación lírica muy distinta de la empleada en su novel publicación.

Resulta riesgoso, cuando menos, que el sujeto lírico cambie de forma drástica de un poemario a otro. Resulta increíble como esa mutación permite mostrar otras aristas de una escritura poética que en vías de encontrarse, no duda en sortear senderos donde pocos deambulan, a donde pocos deciden internarse y que supone un eficaz ejercicio de autoconocimiento. En este nuevo libro, su autora apuesta por permanecer incómoda, juega a esconderse tras una voz (aunque por instantes suponga un quórum) que entre metáforas y axiomas, no vacila en abrazar sus obsesiones con determinación resoluta; y al mismo tiempo, sin la certeza de salir airosa, se lanza al vacío, al ruedo, al sorteo de la memoria con lo que posee que no es poco, acompañada de esos fantasmas convocados en cada exergo, en cada cita; hombres y mujeres de ese antaño reciente que desconoce el arte, y que aún la seducen con igual resolución ya desde el trazo en un lienzo, desde el beso seductor a una cámara o más cercano a su identidad, mediante un verso oportuno. De Frida Kahlo a Salvador Dalí, de Lezama Lima a Alejandra Pizarnik, de Marilyn Monroe a Norma Jeane… para completar una travesía autónoma, o sea, el viaje hacia uno mismo, que en la mayoría de los casos, son los viajes que suelen emprender los bardos.

Este poemario es un acto de confesión. Pero tal revelación y su grado de espontaneidad, sin que por ello no deje de ser sincera, aseguran la certeza de un crimen, la inevitable circunstancia de una muerte. Sin embargo, la condición delictiva de la autora de estos versos no es tal, no sugiere una venganza, un saldo de cuentas en la perpetración del hecho, sino más bien la complicidad, la reivindicación. Los poemas de Susette Cordero, a modo de espiral cíclica (descendente o ascendente, como se prefiera), a modo de elipsis conciben la defunción de Marilyn Monroe como la muerte de un mito. Y bien es sabido que los mitos contienen muchos mitos en sí mismos. Por lo cual, la persistencia en esa salvación /destrucción que supone el icono como tótem, sobrevive la intención de la autora para con su propia poética. Incluso cuando parezca una paradoja, Yo maté a Marilyn Monroe, es un acto de confesión en el que se gesta con toda la hermosura y libertad posible una auténtica búsqueda personal. Es por ello entonces quefruto de ese propósito se aprecie, sin que podamos constatarlo a primera vista y de una rápida lectura, más que la idolatría al ser mítico, la voluntadirredenta de Norma Jeane Baker.

Numerosos (por no decir ingentes, y pecar de absoluta exageración) son los artistas que se han inspirado en la carrera y vida trunca del símbolo sexual norteamericano. Desde icónicas imágenes y películas, hasta canciones realmente emblemáticas, la influencia de Marilyn Monroe en la cultura (pop principalmente y demás vertientes posteriores) contemporánea es indudable. Y estas circunstancias no hacen más que acrecentar el mito, el tormento y la gloria de una existencia compleja, de una mujer sublime que luego de su deceso en 1962, pasó a ser concebida como un ídologlobal. Ya sea cantando aquelpolémico HappyBirthday a un presidente estadounidense, o asegurando -para la posteridad- “que los diamantes son los mejores amigos de cualquier mujer”, así como suscitando entre colegas y amantes las más disimiles habladurías, la Monroe optaba por el disparate, el escándalo y la seducción, antes que por el aburrimiento y lo anodino para darse a conocer en un mundo liderado por hombres. Esa forma tan particular y personal de revertir lo femenino en objeto de adoración, en codiciado elemento y aparentar frivolidad al mismo tiempo, dieron a la actriz no solo la adecuada y versátil manera para encarnar varios de sus personajes, sino también la perfecta fórmula para sortear la pasión de muchos.

Frágil en su interior, insegura por instantes y siempre grácil, la Marilyn que Susette Cordero viene a mostrar en estas páginas se repliega en su atractivo y misterio como gata de Angora y no permite que se descubra su quintaesencia, sino que escudada en esa metamorfosis de fémina dúctil, que va y viene del glamour a lo fatale, de lo epidérmico a lo genérico,discurre sobre la vida y sus cuitas con la desnudez como parábola. Esta relatoría apócrifa que es el poemario, posee una condición de perpetua feminidad que no debe confundirse con un persistente feminismo. La cuestión de género en este caso, no se supedita a una defensa a ultranza, a una preeminencia subyugada de la sexualidad. Más bien, la mujer tras estos poemas no repara en esa condicionante, parece superarla, porque la vive intrínsecamente, porque no podría reconocerse de otra forma. A la autora de este libro, sería incapaz de preguntarle o cuestionarle su condición feminista, pero no pongo en duda, su credo de fémina en tránsito, de mujer que evoluciona; y que ahora, en su actual estado (creativo y físico) resulta imposible restarle toda la potestad que le asiste para escribir los versos que del cuerpo al espíritu atraviesan un único móvil: La maternidad.

Para estos versos libres de hembra de cristal, demujer en estado de gracia, Cordero retoma parte de su infancia y adolescencia, y bajo la magnitud detallada de una lupa, ausculta sus inquietudes más acérrimas, su inmediatez de persona que (e)migra, de sujeto que cuestiona su realidad sin tapujos con la precisión de un testigo ocular. No les teme a las interrogantes. Parece no temerle tampoco a las consecuencias. Se arriesga. Indaga. Hurga. Quiebra la llaga nuevamente y en esa desintegración donde adopta la figura de Gaia, el murmullo de Edith Piaf, donde habita la niña que sueña con tábanosyla mujer que viene a salvarse de forma indisoluble, aúna la verdad de la Monroe para inventarse una identidad como salvaguarda. Acaso sea este un método de supervivencia ante la desidia, el fracaso, o ante lo inevitable cuando desde un verso asegura que alguien va a morir mañana.

Pareciera que la culpa, toda lagran culpa recae en Marilyn Monroe. No obstante, luego de una lectura consciente habría que preguntarse, ¿culpa de qué? Y si estaincertidumbre no fuera suficiente, inquirir aún más y cuestionarse el objetivo de achacar culpas como si fuesen obsequios. ¿La culpa es haber existido?¿ser simiente del pecado primigenio? ¿La culpa se debe a la poesía en su entrepierna? Como si el mito y la persona no solo fueran una misma sustancia, sino que también suponen continente propicio para encerrar disparidades disimiles, la poeta no queda indiferente y en cada verso va dejando un poco más de eso que llaman de manera rápida e inconsecuente como alma. Marilyn Monroe es solo un nombre. Un nombre de muchas que desde el principio se reitera hasta el infinito, suponiendo que el infinito es limítrofe con el hartazgo. Marilyn Monroe es unpretexto. Así como lo fue Eva. Pre-texto al que la poeta rinde culto a modo de sacrificio, de pieza para la ofrenda, de caza segura. En esa dádiva escritural, como su mejor presea, es apreciable una pulcritud y un manejo del lenguaje que hace alardes de elegancia e ingenio. Una estructura poética que aunque (re)toma variantes estilísticas de otros autores, no desdeña su sino ni desvía su derrotero. Sin pretender demostrar atisbos de madurez o de consumado estilo poético, resulta evidente que la poesía de Susette Cordero, ya no puede considerarse tampoco en ciernes.

Este poemario bien puede resultar un gancho al mentón. Un grito en la oscuridad. Unaráfaga transparente y directa. Cierta voluntad de redención persigue a estas estrofas, se escurre entre ellas como imagen especular y llega a convertirse en una presencia ineludible. No importa la resonancia de estos poemas en los imaginarios actuales, no importa su significado. La muerte del mito es también un modo de desprendimiento, un ejercicio de liberación donde no se abandona el cuerpo, sino que se trasmuta/ emigra al papel y se le despide. Acaso la autora venga entonces a compartir una última confidencia… Para matar a Marilyn Monroe, así como a un ruiseñor de una “muerte rápida y misericordiosa” solo evítese la verdad, la confrontación, que de seguro no habrá daño, pero tampoco se alcanzará la belleza de la lucidez.

Roberto Viña Martínez

La Habana, 15 de noviembre de 2016.

TODAS QUIEREN BESAR A ENRIQUE IGLESIAS

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Todas quieren besar a Enrique Iglesias. Y quieren que las toque. Y no tengo argumentos para esta pieza pero de algún modo lo sé, todas quieren su saliva.

Visto el caso de un hombre que muere en escenarios. Olor a flores salvajes. Meto el dedo donde todo acaba y todo nace, y mis ojos lagrimean porque al rato viene el río arrastrando piedras y pelos y danzas y todo lo que es silencio al final de un verso demasiado extenso.

La boca de Enrique Iglesias empodera a muchas. Hacen de su hendidura circunstancia.
Todas quieren que les muerda el canto. Y que las empine y mate, porque solo así lograrían permanecer junto a las bestias y sus frutas.

La boca de Enrique Iglesias puede ser también un torrente de olas que repican en las piernas, pero eso, a ellas, nos les parece coherente.
Foto tomada de Internet